Recientemente  la revista Runner’s World difundía la noticia de que Club Corredores se había convertido, entre la enorme oferta de clubes y grupos de atletismo, en el único que en el panorama nacional, con una orientación al corredor adulto, que iba a llegar a la cifra de los 1.000 socios, de los mil atletas.

Más allá de la noticia, más allá de lo que saben la mayoría de sus corredores y mucho más allá de lo que puede suponer el gran público del atletismo popular, hay un trabajo complejo, una dedicación y un proceso de maduración que va transformando el proyecto año a año.

Lejos  de ofrecer un producto comercial, el club, bajo el sueño inicial de tres o cuatro locos visionarios  y una veintena de amigos,  invierte todos los logros deportivos, su visibilidad  e ingresos económicos en mejoras, incorporaciones, formaciones  y colaboraciones. Esto ha hecho que el boca a boca fuera creando una bola de nieve para la llegada masiva de socios y de auténticos tesoros deportivos  nacionales e internacionales como  Luis Miguel Martín Berlanas, Carla Sacramento, Pablo Vega,  Eva Paniagua, Carlota Serrano y tantos otros.

Comprometido con su entorno y sus corredores,  a Club Corredores nunca le a ha importado embarcarse en proyectos sociales o benéficos, aunque le fueran claramente deficitarios, como la absorción de la escuela de atletismo de Alcobendas para evitar su desaparición, o la celebración de competiciones con fines solidarios muy concretos de impacto inmediato,  útil y no utópico.

Club Corredores nació dando prioridad a la figura de la mujer en el deporte, en la captación, formación y apuesta para su crecimiento sobre todo en las pruebas federadas. Después apostó por crear un entorno social de confianza con la suficiente calidad humana como para poder delegar  en sus atletas aspectos vitales para seguir construyendo club. Y para finalizar apostó fuertemente por transformar el amor del atleta popular por su deporte al mundo del atletismo federado, y todas sus modalidades, con total naturalidad. Lejos de esa visión lejana de estar reservado a la élite.

Más allá de correr a las ocho de la tarde en su creciente número de sedes en la Comunidad de Madrid ( Alcobendas, San  Sebastián de los Reyes, El Retiro, San Chinarro, Juan Carlos I, Las Rozas, Leganés y Madrid Río)  Club Corredores cada temporada:

1- Elabora un plan y un calendario de entrenamientos y competiciones para sus atletas.

2- Define  y corrige objetivos a corto y largo plazo pensando en innovar y dinamizar en el mundo del atletismo, su fomento de participación y el aprendizaje. Ofrece servicios de calidad  sin que ello impacte en el bolsillo de los atletas, con una cuota única anual que podría incluso considerarse Low Cost, sin actual competencia real.

3- Define y redefine los roles de cada persona fundadora,  de la junta directiva y del cuerpo técnico para convertirlo en algo lejos de ser propiedad de nadie.

4- Piensa en instalaciones, espacios  y material que va a necesitar para cada sede y característica de su localización geográfica, elaborando convenios con instituciones públicas o privadas.

5- Calcula la financiación que va a necesitar y se mueve para obtenerla asegurando un proyecto a largo plazo y asegurando el concepto de familia para sus atletas.

6- Se intenta captar corredores  mediante un buen uso, transparente  e intensivo  de las redes sociales, mostrando la proactividad y filosofía de club. Así cada cual libremente decide probar y unirse sabiendo su naturaleza real sin ningún compromiso.

Los que llevamos años viendo cambiar constantemente y para bien, a este joven club de atletismo, podemos decir que se ha convertido en un pilar esencial en nuestras vidas y nuestro día a día. Ha moldeado en muchos casos inquietudes, personalidades, hábitos saludables, habilidades deportivas, sociales y mil cosas más que nos ha hecho crecer un poco a todos. Quizá como psicólogo dentro de este club,  pueda decir que  esto es  un elemento que tengamos que seguir y mimar más intensamente los próximos años.

El sueño de Aitor Retolaza,  Alberto Rey, Jorge Benito y Roberto Rodrigo ya dura ocho años pero en realidad no ha hecho nada más que empezar.

Muchas gracias chicos.

Nemo.