Este fin de semana, en Madrid, se corre su famosa maratón. Llena de historia y llena de épica. Cuarenta años hace de su primera edición que se celebró el 21 de mayo de 1978. Con el paso del tiempo la preparación y número de participantes ha crecido, la organización ha mejorado, el recorrido se ha ido puliendo, pero… hay cosas que nunca cambiarán por desgracia.
La culpa de ello la tienen tanto los corredores noveles como los corredores experimentados en las lides del maratón. El motivo, no desvestir de parte de esa épica a esta prueba. Los primeros lo hacen por aglutinar elementos que refuercen su ilusión, los segundos por lo reconfortante de la admiración social, entre compañeros, familiares y amigos, durante años. Por no hablar del papel de los medios de comunicación, con esas imágenes de corredores y corredoras pseudo-agonizantes cerca de la línea de meta.
Lo admirable de la maratón, no es correrla, es prepararla correctamente, es la perseverancia durante meses, es el trabajo previo, la cantidad de horas y sacrificios personales para ser constantes, el calibrar nuestras expectativas a lo entrenado, el conocernos y cuidar toda la serie de pequeños detalles mentales y orgánicos que pueden influir en nuestro resultado. Y como no, la sabiduría de saber abandonar a tiempo si algo no está siguiendo lo previsto. Disfrutar plenamente sin pagar un peaje innecesario.
Cosas como “el muro” de los 30km, o preparaciones milagrosas para estar listo en pocas semanas sin acarrear consecuencias para nuestro cuerpo, son tan verdad como mentira.
La épica queda reservada a los corredores élite, a los pocos elegidos para luchar por la victoria, o a los que pelean por acreditar una marca que les de la llave para obtener una plaza para un campeonato importante o para acceder a una beca deportiva. Para el resto de los mortales que estamos enamorados del maratón, el 99,9%, la heroica debería ser sustituida por otro marco de referencia, el de la capacidad de trabajo y madurez deportiva física y mental.
Mañana muchos verán a 35.000 valientes en la línea de salida. Valientes por someter a su cuerpo a unos límites de sufrimiento que solo aguantan super-hombres o super-mujeres, yo, con alguna maratón que otra a mis espaldas, veré otra cosa, ¿tú?
By Nemo