Elegir para correr mallas, pantalón o bragas (adicionalmente en el caso de las chicas) es un tema mucho menos trivial de lo que se pudiera pensar. La elección en muchos casos tiene un componente socio-cultural y psicológico de mucho mayor peso que técnico, ergonómico, antropométrico o climatológico.
En el contexto masculino y en el femenino, sobre todo a nivel amateur, hay una serie de prejuicios, miedos, y falsas creencias sobre la elección de un tipo de prenda u otra; y vamos a dejar a un lado aspectos religiosos y culturales para situarnos en nuestra cultura occidental.
Es algo común ver a algunos chicos con pantalones cortos, amplios o estrechos, próximos a las rodillas, otros tantos con mallas piratas, y otros muchos con mallas cortas o largas con otros pantalones cubriéndolas (incluso a elevadas temperaturas). Pues bien, teniendo siempre asegurada la sujeción genital, cuanto menos tejido recubra nuestras piernas, cuanto menos humedad tengamos en contacto con nuestra piel, cuanta menos tensión, fricción y oposición encontremos a nuestros movimientos y articulaciones, más adaptativa será la indumentaria. La obviedad se pelea muchas veces con el mercado y con la asociación pueril a una opción sexual u otra dependiendo de la anatomía que marque o muestre. Yo mismo he recorrido muchas tiendas buscando los clásicos pantalones de atletismo, muy cortos y abiertos en los laterales, sin mucho éxito, obteniendo por respuesta, “es que no se venden porque enseñan demasiado” y las veces que lo he encontrado luego he tenido que sufrir alguna mofa por su corte el día del estreno (y ya si estás depilado ni te cuento.)
En el mundo de las chicas ocurre algo similar, mallas piratas, mallas largas, pantalones cortos o mallas cercanas a las rodillas, falditas pantalón con vuelo, independientemente del tipo de entreno o competición, se imponen, esgrimiendo “que las bragas o las mallas cortas” o bien solo están hechas para profesionales de cuerpo perfecto o bien que es un reflejo de un mundo machista que trata a la mujer como objeto de lucimiento o, lo más común, “rozan mucho los muslos con ellas” (obviando aceites o vaselinas que lo atenúan mientras que nos adaptamos a esa fricción). Las chicas que se atreven a desafiar estos miedos tienen que enfrentarse muchas veces a los comentarios del tipo “lo hace por lucirse” o “no le dará vergüenza con el tipo que tiene” o “a su edad es ir provocando”, etc.
Está claro que cada uno preferirá un tipo de prenda a otra, que no es lo mismo un entrenamiento que una competición, que nada tiene que ver entrenar en verano a entrenar en invierno a temperaturas extremas, que no todos los físicos son iguales y puede ser lo mejor, llevándolo al extremo, tener comprimidas nuestras piernas si detectamos una excesiva flacidez de piel y músculos mientras se va bajando índice de grasa corporal y aumentando la tonicidad. Pero lo más funcional para los chicos sigue siendo el pantalón de competición abierto, que muere poco más abajo del culo, para las carreras de fondo, y las mallas para las de velocidad; y para las chicas las bragas de competición o mallas de competición, que apenas mueren en el comienzo del muslo, (ojo que hay varios cortes dependiendo de cada anatomía y que mal elegida puede hacerla insoportable) para las pruebas de fondo y velocidad.
Tenemos que aprender a ver a los demás, a nosotros mismos y a nuestro deporte de una forma mucho más saludable, sin prejuicios, funcional, y combatir asertivamente sexismos, modas e inseguridades.
By Nemo.