Muchas personas a lo largo del año nos gritan frases del tipo: “¡Está prohibido correr por la calle, gilipollas!”, “Es un parque para andar y no para correr, imbécil”, “¡Te mereces que te atropellen, tontolaba!”, “Como tires al niño que está aprendiendo a montar en bici te parto la cara”, “no te preocupes, si el perro no muerde” … y cosas parecidas. ¿Hay motivo para ello o es fruto de la ignorancia?

No podemos olvidar que el corredor no deja de ser un peatón, y el hábitat del peatón son las aceras y las sendas de los parques, sólo en ocasiones excepciones deberíamos recurrir a la calzada urbana o a la carretera.

Somos peatones pero nos movemos a velocidades muy distintas al resto de usuarios de aceras, sendas y caminos. Esto lleva implícito una serie normas, algunas escritas y otras no.

Según la normativa de la mayoría de las comunidades autónomas, en este caso me referiré a Madrid, y de los ayuntamientos, un peatón puede “correr y saltar” en aceras siempre y cuando no moleste o dificulte la circulación a las personas que van andando por ella.

Por otro lado un peatón nunca debería correr por la calzada si existiera acera en la vía; si no existiera podría hacerlo por el lado izquierdo de la calzada, de cara a la circulación y en fila “de a uno”.

Respecto a correr por los parques, a correr por sus sendas, la única limitación o normativa del corredor es respetar la preferencia del paseante ante tramos muy estrechos. No obstante tendremos prioridad sobre cualquier vehículo, ya que en el peor de los casos sólo deberíamos encontrarnos con bicicletas conducidas por niños menores de 10 años en momentos de escasa afluencia.

No deberíamos encontrarnos con perros sueltos durante el día y dependiendo de la época del año, quizá unas horas en la tarde noche, pero a una distancia del dueño que permitiera atarlo o sujetarlo antes de llegar nosotros a su altura.

En carretera, podemos correr (menos en autovías y autopistas) respetando el lado izquierdo de la vía, por el arcén si lo hubiera, con prendas que nos hagan visibles, sin auriculares, respetando las señales de tráfico y evitando vías no iluminadas.

¿Las frases al comienzo del post entonces están equivocadas? Pues a pesar de lo expuesto a veces podemos escucharlas con o sin razón. Ante todo tenemos que planificar recorridos según el tipo de entrenamiento que nos toque, según los ritmos que debamos llevar en cada parte del entrenamiento y la hora:

  1. No todos tenemos la suerte de tener un parque a la puerta de casa, y nuestra calle puede tener una acera más o menos ancha y ser más o menos transitada a unas horas del día. Por lo tanto debemos comenzar a trotar desde esta sólo si podemos llevar el ritmo deseado en ese momento sin tener que zigzaguear en los adelantamientos o parar y arrancar continuamente. Si no es así deberíamos andar hasta poder llegar a un sitio adecuado.
  2. Casi todos tenemos un recorrido favorito por ser llano, o habitual si no conocemos la ciudad y solo nos orientamos por unas vías, pero puede que sólo podamos usarlo para hacer rodajes suaves si no nos importa parar en semáforos o en tramos puntuales, para garantizar la seguridad del peatón distraído. Sin olvidar tampoco la nuestra al decelerar en pasos de peatones, cruces o salidas de garajes.
  3. Para entrenamientos controlados a ritmos altos o entrenamientos de series, cuestas o fartleck deberemos iniciarlos, desde el comienzo, en zonas no transitadas o parques con sendas amplias. Debido a la velocidad o al cansancio nos volvemos torpes a la hora de esquivar o reaccionar. Por lo tanto nunca deberíamos llevar auriculares o cualquier aparato distractor.
  4. Intenta tener vías alternativas suficientes para no tener que pasar por calles sin acera y tener que transitar la calzada. Casi siempre hay algún camino en paralelo a estas vías, intenta buscarlos y sino, elige unir calzadas con tráfico inverso a nuestra marcha.

Planificando, respetando y eliminando por nuestra parte la variable “ignorancia” no impedirá encontrarnos con ella de la mano del resto de usuarios de la vía, generando hostilidades. Por ejemplo con los siguientes tipos:

  • Los esesinos: personas que son incapaces de andar en línea recta y que además son atraídos a desviarse por el lado justamente en el que le intentamos esquivar al escuchar el golpeteo de nuestras pisadas.
  • Los hipnotizados: personas que nos ven, que nos miran incluso a los ojos, que van por el lado contrario pero que comienzan a trazar una diagonal perfecta hasta chocar con nosotros.
  • Los pasmaos: personas que al vernos se paran en seco, como congelados, formando tapón y haciendo que le esquiven el resto de viandantes reduciendo por lo tanto nuestro espacio de maniobra y facilitando la colisión.
  • Los telepaseadores caninos: personas que pasean a su perro atado pero con correas de 5 metros de lado a lado de la calle. Una desgracia para nuestras pantorrillas y para el cuello del animal.
  • Los perros amor y libertad: esos animales que por su docilidad y que “no muerden casi nunca”, andan sueltos grácilmente, incluso se dirigen hacia ti con ganas de jugar… que te den miedo o no, que puedan producirte una caída y una lesión, eso ya es secundario, porque no muerden.
  • Los Indurain de pasillo: esos ciclistas emperifollados que en lugar de usar carreteras o caminos agrestes dan vueltas como hámsters en parques de escasos kilómetros.
  • Los Children free-play: padres que dejan expandir sin control los movimientos de sus retoños y que acaban sus frases con la expresión “si es un niño que quieres que haga”.
  • La familia siempre unida: especímenes generalmente con genética común que se desplazan en paralelo en números superiores a 4 y que optimizan el espacio entre uno y otro para abarcar cualquier ancho posible.

Estas personas no son otra cosa que miembros de una sociedad que cambia poco a poco y para las cuales, desgraciadamente seguimos siendo el pirao que sale en pantalón corto en invierno, el hortera que lleva mayas, el tonto que sube la misma cuesta una y otra vez, el matao que corre un rato fuerte y otro flojo porque no puede con su alma , el operación bikini o el pringao que no tiene dinero para un gimnasio.

En nuestra mano está parar y educarlos sin olvidar educarnos a nosotros mismos.

By Nemo.